El sistema educativo de la República
Dominicana, es uno de los más grandes sistemas componentes de la realidad social
y cultural de la misma. Se traduce desde esa óptica, por cuanto, el tren que
moviliza la educación escolar para el logro de que los menores y adolescentes
que la reciben, logren el objetivo principal perseguido, es sumamente alto.
En un lenguaje llano, decimos que, un
estudiante, va a un centro educativo en el que debe haber un cuerpo docente y
de apoyo idóneo en trato para con él, deben existir, aunque sea mínimamente, la
condiciones necesarias para que ellos se sientan cómodos y el aprendizaje a
recibir llegue sin contratiempos a su cognición. Es decir, las herramientas
materiales, tanto, las proporcionadas por el centro, como las proporcionadas
por los padres, a los fines de que, ciertas carencias de alguna de esas
herramientas, no merme las energías bio-psico-fisiológicas en el logro del
objetivo antes mencionado. Además de ello, que el lugar, esté apto, en sentido
ergonómico, y no se abran las puertas a la contaminación visual, auditiva y de
estrechez en el espacio. Es decir, que ellos estén, en lugares, con adecuados
colores en sus paredes, donde la circulación de aire sea evidente, la
visibilidad sea suficiente, la amplitud sea acogedora y sobre todo, el ruido no
sea un trastornador de lo que se está recibiendo de alguien, el docente, que,
además, debe cuidar su mejor herramienta, su voz. En el hogar, deben existir
también, las condiciones mínimas para que al año escolar sea fructífero y deje
los mejores resultados de acuerdo con las expectativas que se albergan a la
hora de inscribir a un NNA
en la escuela.
Hacer este ejercicio es hermoso. Ahora bien, el
cómo llegan nuestros niños a los centros educativos, es una gran preocupación a
las familias. Puede que, se note más en las familias de clase media-baja, clase
baja, y muy baja. La sociedad en la que actualmente vivimos, comparada con
tiempos anteriores, es un poco compleja. En ese momento, la madre, permanecía
en la casa, y los cuidados a los menores, era una responsabilidad, que no ha
dejado de ser, pero que si, ha variado, en el sentido de que, hoy, ella también
es parte activa en el mundo laboral, lo que le regala la necesidad de que,
algunos de sus quehaceres estén en manos de terceros. En ese tenor, los
abuelos, tienen el primer peldaño de esta escalera, luego, las cuidadoras y/o
las domésticas, que, además de trabajar como tales, tienen que asumir, el
cuidado de los menores en cuestión. Si por alguna razón, los ingresos
económicos, no son suficientes, se desarrolla hoy, el plan de las estancias
infantiles, tanto públicas como privadas; pero, para lograr acceso a ello es
otro tranvía, por los requisitos exigidos y poco cumplidos, y por el factor
primordial, en la mayoría de los casos: dinero.
Las familias, según se han ido logrando algunas
prerrogativas propias de los seres humanos, y se han ido adecuando al hoy,
también, han ido cambiando de dinámica y a veces, la misma puede dar resultados
deseados, otras veces, los da inesperados, inadecuados.
Entrando
en el cómo llegan nuestros hijos a las escuelas, el primer dolor de cabeza para
los padres, es ¿Quién llevará mis hijos a la escuela. De primera mano, sin
están llegando al final de la niñez y viven cerca del centro, se van caminando.
En caso opuesto, entonces, hay que pensar en ese pasaje de ida y vuelta que hay
que pagar o la mensualidad, además de que, se debe buscar una persona con un
perfil ideal, que cumpla con ciertos estándares: responsable, a quien tenerle
confianza, puntual, que entienda que ese es su trabajo, y quien cuide esos
hijos como si fueran los suyos. Casi
siempre hombres, por ser los más dados al ejercicio. ¡Ay, la merienda! (ese es
otro tema).
Y justo aquí, viene el problema. La legislación
dominicana, se ha esforzado por darle un giro de actualidad a nuestra urbanidad
y la seguridad vial. Se enarbola el deseo de organización, se desea alcanzar el
logro de los criterios de los objetivos del milenio 3.6 y 11.2,
se desea la evitación de muertes por accidentes de tránsito, se desea que todo
ciudadano se concientice y cuide de su entorno y los suyos. Se resalta el
cuidado de los envejecientes, la mujer y la niñez, la longevidad de los
vehículos y su presencia, sacando de circulación lo que regalan altos riesgos
de problemas, sin embargo, alguna de las grandes masas poblacional, desde el
punto aquí tratado, se ha olvidado.
La actual legislación sobre movilidad vial y
sus reglamentos, se han enfocado en la regulación de muchos puntos. Aplaudimos
el gran avance que se ha logrado, dejar de hacerlo es mezquindad. Sin embargo,
hemos encontrado una gran discrepancia, entre lo que está escrito y lo que es
la realidad.
La ley 63-17, en sus apartados, tiene uno
contentivo de regular el transporte escolar, que visto a grandes rasgos, dice
de una sociedad enmarcada en la modernidad y el orden. Sin embargo, por razones
entendibles, dejan fuera, lo que es el mayor medio de transporte escolar usado
al día de hoy, por nuestra sociedad: el motoconcho o mototaxi. En el artículo 69
de la antes mencionada ley, tenemos que el bien protegido es el niño, y las
regulaciones sobre este, son entendibles, cautelosas, llenas de responsabilidad
y hasta sancionadora.
Profundizando un poco sobre ese particular,
surge la pregunta ¿a cuál clase social va dirigido este articulo? Resulta
inquietante que, el mismo, con apariencia de ser general, solo abarque una
población que no es la mayoría. La clase social media-baja, que con mucho apuro
tiene un vehículo en la casa, algunas veces puede darle el uso correcto a lo
aquí planteado, a la hora de llevarlo a la escuela, que es el caso que nos
ocupa. Pero, ¿Qué ocurre con los que no tienen vehículos en sus casas? La
respuesta es casi vertical. Deben acudir al contrato de transportes escolares,
o en su defecto, usar la herramienta menos idónea.
Cuando la legislación hace referencia a las
motocicletas, deja en evidencia que siendo un vehículo de dos ruedas, es más
susceptible de ser afectado, por su tamaño, anchura, poca visibilidad en un
carril vehicular a cualquier hora del día, más, en la noche. Por eso es que se
detiene el legislador a ser muy especifico en el cómo debe permanecer el mismo
a los fines de evitar los incidentes y accidentes. En la realidad, acontece que
6 de cada 10 vehículos registrados en la DGII son motocicletas, lo que nos dice
que, los dominicanos, y los de masa pobre, en su gran mayoría, tienen un motor
en su hogar, tanto como medio de transporte, como medio de trabajo. A nivel
nacional, contábamos para el 2020 con parque vehicular de 2,645,456, motores
registrados, y en la ciudad de Puerto Plata, 75, 392, lo que dice que este tipo
de vehículo es el de mayor alcance y abundancia en toda el territorio nacional
y local. La participación de la motocicleta en el parque vehicular, es de un
55% seguida de los automóviles de un 26.5%, en conjunto, hacen un 76% del
dominio en el parque vehicular. Es alarmante.
Cierto es que, los riesgos a los que se expone
cada ciudadano que se transporta en motocicleta es alto. En el caso de los
menores, muchos más. Sin embargo, repetimos que choca con nuestra imperiosa
realidad. Cabe destacar que, los niños mayores de 8 años y que no pesen menos de
23 kilos pueden transitar en una motocicleta. Más, cuando vemos las calles en
horarios escolares, nos encontramos con un panorama garrafalmente contrario. Volvemos
a preguntar: ¿se olvidó el legislador de una gran masa de la población? ¿Qué
remedio le podemos poner a este mal?
Se entiende que, por razones circunstanciales,
hay una franca violación a la legislación, y de que se ejecuten las sanciones
estipuladas, evidentemente, las arcas del estado crecerían, por cuanto, si
partimos del número arriba mencionado a nivel nacional, debemos lógicamente
suponer, que, muchas son las familias que están envueltas en este gran dilema.
Mientras el legislador quiere adecuación, la población necesita que se piense
en el todo, con un aporte sostenido, contundente y eficaz para toda la
población. Loable es que, hasta el momento, esa parte de la ley se mantiene
tangible en el tiempo, evidente, a luz pública, y que como no se tiene otra
respuesta satisfactoria, se ha quedado así. Empero, la amenaza de que eso
comience a ser un problema más a la familia pobre, ¿qué respuesta le ha de
merecer?
Un tema muy latente, y preocupación de los
muchos, son los accidentes. Cada año se pierden por muerte de tránsito
alrededor de 3000 personas, lo que coloca al país en el quinto en el lugar de
los países del mundo que pierden vidas por esta causa y en el segundo de los
países de América, y el Resulta que el 70% de ellos en el período 2019-2020 fue
en motocicletas. El 88% de los fallecidos son hombres y el 12% restante,
mujeres, en edades comprendidas de 15-39. Estos datos, aterradores por demás,
nos regalan un halo de incertidumbre, estrés, ansiedad. Producto de todo lo
anterior, Viscusi y Masterman (2017) sostienen que el Valor Estimado de una
Vida o VSL (por sus siglas en ingles), para los costos humanos de fatalidades
es de USD 1,074 millones por casa vida perdida. Haciendo una traducción de esto
a nuestra realidad, en el 2019 se registraron 3,204 muertes, los cuales
equivalen a 3,441 millones de dólares, multiplicándolos por la tasa de ese
momento 52.23 a la fecha del día uno de enero del dos mil veinte, resulta RD$
179,723, 430,000.00. Uyyyyyy!!
¿Será que los padres desconocen sobre estos
detalles? ¿Se preocuparán ellos por el hecho de estar en franca violación con
la legislación? ¿Existirá alguna otra alternativa para evitar el punto en
cuestión? La respuesta a estas interrogantes, pudieran ser satisfactorias, más,
hasta el momento, puede que no. Igual, el problema sigue ahí. Como sociedad
inclinada a la fe, muchos se aferran a que Dios no permitirá noticia negativa a
su casa. Y así se vive.
Resulta que, las ciudades que más fatalidad
presenta en accidentes de motocicleta están, Santo Domingo, Santiago, San
Cristóbal, La Vega, La Altagracia, Distrito Nacional y Puerto Plata, en un 60%.
Esto implica que los niveles de concientización, partiendo de la cifra, es
escaso, aunque bien sabido es que nadie quiere llevar siniestralidad a su casa
y entorno. Las violaciones más comunes cometidas por los conductores de moto, son
el no uso de casco protector, la licencia de conducir vencida, y la de mayor
relevancia para el tema aquí trabajado, es la violación a la luz roja, que en
el año 2020 ascendió a 60,072 infracciones contabilizadas, entre otras.
Mientras el costo de la canasta familiar se
dispara, los combustibles, se disparan, y sentimos las embestidas de situaciones
negativas a nivel internacional, la preocupación de las alzas en los pasajes,
también crece. En un país, donde el hacinamiento, aun es parte del modus
vivendi de muchos, ¿Cómo se puede creer que el legislador pensó en todos, a la
hora de redactar el artículo 69 de la ley y los otros artículos en los
reglamentos que siguen la misma línea, y restar del reglamento de transporte
escolar la motocicleta, cuando, para él, en su ideal, la sociodemografia no se
contempló o solo se hizo a medias? (dejando un margen de error). En la
jerarquía de la formación del derecho, vemos que la costumbre es parte esencial
de los pueblos. En consecuencia, mientras llegar la concordia entre la ley y la
vida, la costumbre se impone.
Entretanto, la responsabilidad reposa en los
hombros de los padres. Buscar a una persona que cumpla con ciertos criterios,
mencionados en párrafos anteriores, logrando así abonar a su parte en la
formación del ciudadano exigido y logrado sólo a través de la educación, tal
como menciona la ley de educación 66-97 en el articulo abajo indicado:
Art. 5.- La educación dominicana
sustenta los siguientes fines: a) Formar personas, hombres y mujeres, libres,
críticos y creativos, capaces de participar y constituir una sociedad libre,
democrática y participativa, justa y solidaria; aptos para cuestionarla en
forma permanente; que combinen el trabajo productivo, el servicio comunitario y
la formación humanística, científica y tecnológica con el disfrute del acervo
cultural de la humanidad, para contribuir al desarrollo nacional y a su propio
desarrollo; b) Formar ciudadanos amantes de su familia y de su Patria,
conscientes de sus deberes, de sus derechos y de sus libertades, con un
profundo sentido de responsabilidad y de respeto a la dignidad humana; c) Educar
para el conocimiento de la dignidad y la igualdad de derechos entre hombres y
mujeres; d) Crear y fortalecer una conciencia de identidad de valoración e
integración nacional, en un marco de convivencia internacional, enalteciendo
los derechos humanos y las libertades fundamentales, procurando la paz
universal con base en el reconocimiento y respeto de los derechos de las
naciones; e)Formar para la comprensión, asimilación y desarrollo de los valores
humanos y trascendentes: intelectuales, morales, éticos, estéticos y
religiosos; f) Formar recursos humanos calificados para estimular el desarrollo
de la capacidad productiva nacional basado en la eficiencia y en la justicia
social.
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